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Rodríguez detalló que una investigación publicada en 2008 y realizada con jóvenes de 18 a 24 años arrojó que el 30% de los encuestados envió un “sext” a través de un dispositivo electrónico. (Vanessa Serra Diaz)
Los casos se ven a diario: individuos procesados por posesión de material pornográfico de niños y niñas, fotografías explícitas de menores de edad circulando por las redes sociales e Internet, y adolescentes compartiendo imágenes de sus partes íntimas con conocidos o extraños.
Cuando el panorama para la violencia sexual infantil y adolescente no podía ser más tétrico, estas prácticas abonan a viabilizar otras formas de este mal. 
El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) declaró en 2006 a Puerto Rico bajo situación epidémica en relación con los casos de violencia sexual infantil y juvenil reportados en la Isla, enfatizó la sicóloga clínica Gilda Rodríguez. El CDC se nutre estadísticas del Departamento de Salud estatal. 
La situación sigue siendo alarmante, a juicio de la doctora, debido que las dinámicas de exposición voluntaria de contenido sexual a través de los medios digitales han planteado un desafío de manejo a las autoridades y los expertos que atienden estos casos.   
“Ahora no solamente estamos vulnerables a una violencia sexual uno a uno, sino que también a través de estos espacios se está dando otro tipo de dinámica que quizás no estábamos mirando, y el control sobre eso se está siendo un reto para las autoridades”, sostuvo Gilda Rodríguez en el marco del Mes de la Prevención de la Violencia Sexual a Niños y Adolescentes. 
“No pueden llamarle pornografía infantil porque esto sigue siendo para ellos violencia sexual. No le pueden llamar pornografía, porque la pornografía implica que es un acto consentido por las personas y los niños no tienen la capacidad para consentirlo, así que por eso muchos le siguen diciendo violencia sexual retratada o explícita”, explicó. 
A nivel federal, dijo, las autoridades exploran en la actualidad cómo van a trabajar los casos cuando es el propio menor el que produce su contenido sexual y se desconoce si hay un adulto o no promoviendo dicha conducta. 
“¿A quién vamos a procesar si es el mismo menor quien las produce y las comparte, y cuando la ley está hecha para proteger a ese menor?”, cuestionó. 
De esta forma, indicó que la discusión a nivel de las autoridades correspondientes en la actualidad apunta a la posible creación de nueva legislación en materia de violencia sexual infantil y adolescente. 
Expresó por otro lado, que estas conductas se están viendo en Puerto Rico desde la niñez temprana. Uno de sus casos más jóvenes, de hecho, involucra a dos niños y una niña de unos 5 años, que se habrían alentado unos a otros a fotografiarse sus genitales con el teléfono celular. 
Este tipo de conductas, mencionó, han sido denominadas por algunos expertos como “violencia sexual digital”.  
Rodríguez detalló que una investigación publicada en 2008 por la organización The National Campaign to Prevent Teen and Unplanned Pregnancy y realizada con jóvenes de 18 a 24 años arrojó que el 30% de los encuestados envió un “sext” (mensaje de texto con contenido sexual explícito) a través de un dispositivo electrónico. El 41% reportó haber recibido material de esa índole. 
“Se trató de un estudio retrospectivo un poco porque estos fueron adolescentes 5 y 10 años antes”, destacó la profesora de la Universidad Carlos Albizu, en San Juan. 
El mismo estudio determinó que el 22% de todas las adolescentes encuestadas (más de una de cada cinco) reportó que envío o publicó una foto o un video de sí mismas desnuda o semidesnuda. Otro hallazgo lo fue el que el 25% de las adolescentes féminas y el 33% de los adolescentes varones reportaron tener imágenes desnudas o semidesnudas que originalmente fueron destinadas a otras personas, pero fueron compartidas con ellas y ellos.  
“Eso nos preocupó”, manifestó. Al mismo tiempo, advirtió que la situación debe ser más grave porque, a base de su experiencia “cuando es un autorreporte sabemos que las personas tienen ciertos sentimientos a la hora de reconocer que lo hacen, así que siempre hay un margen de error”. 
“Cuando hacía el análisis de este hallazgo y otras estadísticas más nos preguntábamos qué está sucediendo con los adolescentes que están acudiendo al uso del internet, de los ‘chat rooms’ o de otros medios sociales como los ‘social networking sites’ para explorar sobre la sexualidad”, sostuvo. 
De otro modo, exhortó a los padres y madres a ejercer un rol más activo en la supervisión de los equipos electrónicos que utilizan sus hijos y así ayudar a prevenir la violencia sexual en los menores. 
“Ahora cada día son más pequeños los niños que tienen celulares inteligentes con acceso a las redes y no necesariamente los padres están en el mismo nivel de dominio”, sostuvo. Además, recomendó que si un progenitor no entiende el funcionamiento de un equipo o aplicación no debe permitirle a sus hijos su uso. 
Con el propósito de educar sobre este tipo conductas, sus posibles repercusiones o efectos y cómo atenderlas, la Universidad Carlos Albizu celebrará el 15 de abril la “Marcha contra el abuso sexual a niños y adolescentes”, de 8:30 a 10:00 a.m. por las calles del Viejo San Juan en la que participarán alumnos de la Escuela José Julián Acosta del Viejo San Juan. Ese día, habrá charlas, talleres y escenas alusivas a esa práctica. 
Entre los recursos que hablarán a los estudiantes y público que asista habrá agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés). 
El llamado de acción que promueve la institución para sus actividades de prevención es “Que tu sexualidad no se vuelva viral”, junto a la etiqueta #MiSexualidadNoEsTrend”. 
“Vamos a estar tratando de ayudar a los jóvenes a tener conciencia de que no hay nada privado ni seguro en las redes sociales y que para hablar de seguridad hay que crear espacios donde ellos se sientan en confianza con personas que tengan preparación para abordar el tema de la sexualidad, incluyendo si dentro de este tema hubiese una experiencia dentro de la sexualidad que haya sido traumática para ellos o si pudiera estar ocurriendo”, sentenció la profesional en salud mental.