John King (horizontal-x3)
John B. King García, de madre puertorriqueña, asumió la dirección del Departamento de Educación de los Estados Unidos este año tras ser nominado al puesto por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. (Ramón Tonito Zayas)
Para algunos su camino ya estaba trazado. Él mostró que estaban equivocados. A los 12 años quedó huérfano. Parte de su niñez la vivió entre la inestabilidad y la obligación de asumir las responsabilidades de un adulto ante la inesperada partida de sus progenitores. 
Durante la adolescencia siguió la turbulencia. Por temporadas vivió en entornos inestables. Ingresó a un internado pensando que era su mejor alternativa, pero fue expulsado. No era feliz y estaba abrumado. 
La escuela no sólo fue su refugio, sino su salvación. “A mí los maestros me dieron la esperanza para el futuro, no solamente lo que necesité para tener éxito en la universidad, pero fe de que lo podía alcanzar”, sostuvo John B. King García, secretario del Departamento de Educación de los Estados Unidos.
King García, de madre puertorriqueña, asumió la dirección de la agencia a mediados de marzo tras ser nominado al puesto por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pero fungía como subsecretario desde el 2014. En el 2015, tras la renuncia de Arne Duncan, asumió el mando de la agencia.    
Durante su trayectoria en el servicio público, siempre ha destacado el rol que tuvieron los maestros en los tiempos de inseguridad que atravesó durante unas etapas fundamentales para cualquier niño. “Durante ese periodo aterrador la escuela fue mi refugio”, confesó King en un blog que publicó en el Huffington Post.
Hoy, todo quedó atrás. Su empeño y la dedicación de sus maestros fueron la clave.  
¿Cómo los maestros salvaron su vida? ¿A través de su amor, aceptación, enseñanzas?
Todo eso. Muchos estudiantes, hombres de color en los Estados Unidos, no tenían oportunidades después de la escuela, por eso muchos hombres de color en las ciudades de los Estados Unidos no tenían trabajo, confianza en su futuro. Pero a mí los maestros me dieron esperanza en el futuro.
Hay dos maestros que siempre recuerda con cariño y de los cuales siempre ha hablado. Uno de ellos es Mr. Osterweil, quien fue “como un padre sustituto” para él. “Estaba un poco loco –un exhippie que usaba zapatos plataformas de dos pulgadas– pero era un maestro increíble”, expresó  King García entonces.
“En su salón yo me sentía seguro, me sentía educado y me sentía desafiado”, agregó en el blog sobre el educador, quien los obligaba a leer todos los días el periódico New York Times. Entonces, estaba en cuarto grado.
 Luego, en nivel intermedio, vino Celestina Dessasure, una educadora que en su tiempo libre era actriz y que dentro del salón era esa mezcla perfecta entre disciplina y alegría. “Si no fuera por ellos yo no habría sobrevivido ese periodo de mi vida”, agregó en el escrito.
¿Cuán importante es la escuela para cerrar la brecha de la desigualdad? 
La escuela es la vía más importante para tener oportunidades en la vida, oportunidades económicas. La escuela es también lo más importante para tener democracia en un país. Por eso es muy importante que en todas las escuelas los estudiantes reciban artes y tengan maestros comprometidos que los puedan ayudar a sacar lo que necesitan para tener éxito. También es muy importante que todas las escuelas tengan los recursos para tecnología, para libros, para programas después de la escuela y en el verano.
¿Usted experimentó esa desigualdad?
Para mí la escuela fue muy importante porque mis padres murieron cuando era niño y la escuela fue el sitio donde pude poner en orden mi vida. Era el sitio donde tenía la oportunidad de ser un niño, la  oportunidad de no solamente aprender, pero de disfrutar el día y por eso entiendo que la escuela es muy importante para los estudiantes que tienen vidas difíciles después de la escuela. La escuela puede dar la oportunidad y dar seguridad a los estudiantes, por eso trabajo muy duro cada día, para dar a otros estudiantes lo que yo tuve.
King García creció en Brooklyn. Su padre fue maestro, director escolar y superintendente. Su madre llegó al Bronx desde Ponce, Puerto Rico, a los 8 años. Fue la primera en su familia en obtener un grado universitario y se desempeñó como maestra del sistema público neoyorquino. Fue el ejemplo de sus padres, sumado a la dedicación de sus maestros, lo que llevó a King García tomar la ruta de la docencia.
Tiene un bachillerato con especialidad en Gobierno  de la Universidad de Harvard. Posee una maestría en estudios sociales del Teachers College de Columbia University, un doctorado en jurisprudencia de la Universidad de Yale y otro doctorado en educación con especialización en administración docente, también de Teachers College.
Su carrera docente la inició en Puerto Rico, en Saint John’s School, en San Juan. Posteriormente, enseñó en Boston y Nueva York, donde fue comisionado de educación. “Enseñé en inglés pero tenía la oportunidad de aprender de la vida en Puerto Rico, conocer a los estudiantes y sus familias”, dijo sobre  por qué aceptó la oportunidad de enseñar en la tierra de su mamá. Estuvo aquí un año.  
Debido a la temprana muerte de su mamá fue muy poco lo que conoció de Puerto Rico siendo un niño, pero aun así siempre le interesó conocer de la Isla y, sobre todo, mantener la lengua materna.
¿Cómo ha mantenido el español?
Haciendo entrevistas, pero lo entiendo muchísimo más de lo que puedo hablar... y en la escuela. Mi madre murió cuando era niño, por eso no tenía la oportunidad de practicar.
Más recientemente, recordó durante la entrevista su oficial de prensa, el secretario impartió instrucciones para que todo funcionario que habla español se comunique con él en esa lengua.   
King García, de 40 años, sacó unos minutos para hablar con El Nuevo Día durante una visita que hiciera a la escuela Arturo Morales Carrión, en San Juan. Llegó acompañado de su hija mayor Adalinda, quien visitaba por primera vez suelo boricua. Se mostró cómodo, relajado e interesado. “Estoy feliz”, sostuvo luego de compartir informalmente con un grupo de estudiantes.
¿Venía regularmente a la Isla?
A veces, pero más cuando era muy pequeño. Mi madre viajaba muchas veces. Ahora tengo unos amigos y familiares que están aquí, pero la mayoría está en Nueva York. 
¿Qué es lo que más recuerda de su niñez y esos viajes a Puerto Rico?
La playa, por supuesto. También el coquí (risas) y el tiempo que pasaba con mi familia. Mi abuela tenía una tía de como 100 años o más que vivía en Ponce y  nosotros íbamos a visitarla.
Y de la comida, algo tiene que gustarle.
Por supuesto. Los tostones y también el mofongo y los rellenos.
¿Puerto Rico siempre ha guardado un lugar especial en su corazón?
Es parte de mi madre y ahora tengo la oportunidad de traer a mis niñas de 12 y 9 años, que es la primera vez que están aquí. Estoy muy feliz de compartir la experiencia con ellas y que conozcan un poco. Mi niña que está aquí hoy (durante la entrevista), su nombre es el mismo que el de mi madre, pero ella no ha tenido la oportunidad de ir a Ponce, pero ahora vamos a ir.
Estaría en el País una semana y aunque los primeros días estuvo en gestiones oficiales, los días subsiguientes disfrutó de unas vacaciones. Entre sus planes estaba visitar el Viejo San Juan y la Ciudad Señorial.
¿Cuál entiende que es el mayor reto del sistema público del País?
Hay oportunidades, pero hay muchas cosas que están difícil ahora por la crisis del gobierno. Es muy difícil para todos y entiendo que es difícil pagar a la gente que da servicios a las escuelas pero también tienen directores y maestros que están trabajando muy duro por los estudiantes y tienen la oportunidad de mejorar la educación.
Para King García, la inclusión de las artes es fundamental en el proceso de enseñanza. “Las artes dan a los estudiantes una razón para ir a la escuela y la oportunidad de aprender cómo se usan las palabras para expresar sus ideas a otros. También pueden entender cómo se puede usar la pintura y todo eso para expresar sus ideas y sentimientos”, dijo. “Hay además que crear los espacios para que los maestros puedan ayudar a los pares e intercambiar ideas de cómo asistir a los estudiantes, especialmente a aquellos que pertenecen a comunidades desventajadas y  para quienes la escuela es ese único espacio de seguridad”.
“No hay una respuesta a todos los problemas del sistema. No la hubo antes y no la hay ahora. Lo esencial fue y sigue siendo darles las herramientas para que puedan llegar lo más lejos posible. Lo más importantes es que todas las escuelas deben darles a los estudiantes la oportunidad de prepararse para la universidad”, sostuvo.