Crónica: Un jueves en Río Piedras (semisquare-x3)
Esto es parte de lo que sucede cada último jueves de mes en el evento de performance “Asuntos Efímeros”, organizado por Mickey Negrón, y que se celebra como parte de los Jueves de Río Piedras. (José L. Cruz Candelaria)
Un hombre detiene su carro Mustang color vino en la calle Brumbaugh, esquina con el Paseo de Diego, en Río Piedras, y mira perplejo la escena que tiene enfrente. Es de noche y la mayoría de los negocios en el casco riopedrense han cerrado. El hombre lleva los cristales del carro abajo, lo que hace fácil escuchar la rítmica bachata que lleva a todo volumen en su radio. El sabor de la güira y el palpitar de los bongós de la canción se entremezclan con un estridente punk que sale de un sitio indescifrable de la zona.
Pero ni esa tentadora mezcla de sonidos provoca que el hombre se mueva. Lo único que hace es pestañear sorprendido, tratando de comprender aquello que está viendo. Frente a su brilloso vehículo, 14 bailarines y bailarinas se mueven lentamente por el Paseo De Diego, impidiéndole el paso vehicular. Vestidos de grises, como las estructuras vacías que están en el área, los artistas van improvisando movimientos “zombiescos”, sumergidos en sus pasos. Detrás del grupo, decenas de personas van caminando como si se tratara de una procesión, mientras seis jóvenes van narrando lo que acontece, cual coro en tragedia griega. La cantante Kianí Medina, desde lo alto de un muro, canta/grita: “Ay, ay desgraciaooo”, como parte de la acción. El artista del performance puertorriqueño Mickey Negrón va dirigiendo la comitiva luciendo un llamativo “gown” de colores fluorescentes. Lleva una peluca rizada rubia y un alargado sombrero color verde con cuatro ojos pintados, rodeados por una mantilla negra. Carga con él una cesta, donde va recogiendo los donativos del público. Un poco más adelante, en un alero del vacío Paseo De Diego, aparece “Barba”, una especie de “Edipo”, creado por el teatrero y titiritero Julio Morales. 
El hombre que está en el carro sigue tan perplejo que ya han pasado cinco minutos desde que su carro se detuvo y no ha tocado bocina. Y eso que no vio el acto del artista y destacado performero puertorriqueño Freddie Mercado. El artista ha estado insuperable con un rito virginal no apto para conservadores. Se ha aparecido con una de sus meticulosas piezas corporales. Vestido de virgen/ganesha, con decenas de ojos dibujados en su ajuar, con prótesis en tela y “foam”, Mercado se ha transformado en un oráculo viviente para mostrar su paraíso creativo. Entre risas nerviosas y labios sellados del público, la acción ha continuado por el paseo, hasta llegar aquí, frente al conductor del Mustang color vino, quien con su boca levemente entreabierta parecería haber quedado sin palabras. 
Luego de estas estampas, la calle se va despejando, el auto se mueve y la bachata se va convirtiendo en eco lejano. Entonces, se puede apreciar a una pareja que viene caminando por el paseo, ajena a todo la acción artística. La mujer se detiene a mirar, alejada del grupo, y le dice a su compañero: “Mira, pa’, qué lindo eso”. A lo que el hombre le responde “eso es una mierda ahí”. Pero ambos se quedan mirando. La policía, desde la periferia, también observa lo que sucede, sin intervenir. 
Esto es parte de lo que sucede cada último jueves de mes en el evento de performance “Asuntos Efímeros”, organizado por Mickey Negrón, y que se celebra como parte de los Jueves de Río Piedras, un iniciativa cultural que comenzó a celebrarse en el 2003 y que aún se mantiene viva, haciendo palpitar a la llamada Ciudad Universitaria.
Río Piedras tiene una magia particular. En medio del descalabro y del abandono que pueda apreciarse en sus calles, la ciudad late con fuerzas, gracias a los y las estudiantes universitarios, a los y las comerciantes persistentes,  y a una diversa comunidad –muchas veces invisible– que inyectan ánimo y esperanza en estos tiempos en que la crisis es una amarga mueca de control.
Basta llegar hasta este lugar, observar la Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, para sentirse que uno regresa a un lugar del que nunca se ha ido. Independientemente de donde uno se haya graduado, Río Piedras te devuelve a la utopía universitaria, a un microcosmos donde cualquier gesta parece posible.
Ese espíritu tenaz que permea en la zona fue lo que motivó en el 2003 a un grupo de libreros a idear lo que llamaron Jueves de Librería, un evento que invitaba al público a disfrutar de las librerías del área en horario nocturno. Esa idea continuó desarrollándose, hasta que los comerciantes, la Junta Comunitaria de Río Piedras, el Municipio de San Juan y el Centro de Acción Urbana, Comunitaria y Empresarial (CAUCE), adscrito a la UPR, le dieron forma a Jueves de Río Piedras, una iniciativa que propicia el intercambio cultural, a la vez que ayuda a los comerciantes y revitaliza el área, que se apaga luego de las 5:00 de la tarde.
“La noches de Río Piedras han traído mucha gente y ahora es una actividad global que incluye diversas actividades, diversos grupos, desde música, teatro, conciertos, presentaciones de libros y la discusión pública sobre diversos temas. Vienen exalumnos, profesores y universitarios de todas las universidades de alrededor de Río Piedras, quienes se reúnen aquí en un compartir social que me parece a mí que es muy importante”, indica Arnaldo González, propietario de la Librería Mágica, a la entrada  de su establecimiento, mientras su voz compite con la canción “Llanto de cocodrilo”, de Ray Barreto, que el local La Greca suena a todo volumen.
El ambiente festivo de la calle contrasta con la solemnidad que se respira dentro de la librería, donde el profesor Daniel Nina presenta un libro sobre racismo en Puerto Rico, que escribió en colaboración con varios estudiantes. La sala está llena, en su mayoría de jóvenes, quienes escuchan con atención lo que el profesor y los estudiantes tienen que decir. 
El recorrido continúa por la avenida Ponce de León hasta llegar a la librería La Tertulia, en la calle Amalia Marín, donde su propietario, Alfredo Torres, da la bienvenida.  Acaba de ocurrir una actividad sobre lingüística y hay gente conversando y compartiendo. Un estudiante habla con Alfredo sobre planificación e historia, mientras por el cristal del escaparate, frente a la librería, se puede ver el movimiento de la calle. Los comensales que entran y salen del Burger King, los transeúntes que pasan frente a la residencia universitaria Torre Norte y los carros que transitan hacia la avenida Gándara son parte del color de la noche.
“Creo que aquí hay que asumir que estos cascos urbanos no van a ser lo que fueron, como no va a volver a ser lo que fue Santurce, ni va a volver a ser lo que fue Bayamón ni Ponce ni Mayagüez, porque Puerto Rico hace rato que escogió otro derrotero. Sin embargo, yo creo que habría que repensar de qué forma uno comienza a promover otro tipo de convivencia y comunidad en Río Piedras porque, bien que mal, la universidad está ahí y eso es una comunidad de 30 mil personas, y por lo tanto, yo creo que uno debe de insistir en que Río Piedras se convierta realmente en un distrito cultural”, opina Alfredo Torres, para luego repasar que este centro ha sido el circuito principal del libro en Puerto Rico, sobreviviendo incluso a la desaparecida megalibrería Borders. 
“Yo con Río Piedras lo que haría es declararlo casi casi una zona de desastre, pero no con el propósito de que se hunda, sino con el propósito de atenderlo con prioridad, con políticas importantes”, continúa hasta que lo interrumpe el joven con el que hablaba hace unos minutos. 
“¿Tienes el de Picó, el de la sequía?”, pregunta. “Sí, está por ahí. Te lo busco ahora”, responde Alfredo, sumergiéndose entre libros. 
Volvemos a la calle, y esta vez caminamos por la Ponce de León en dirección hacia el Paseo De Diego. La zona se empieza a llenar. Las puertas del local/teatro Sala Beckett están abiertas, cerca del negocio El Boricua, entre las calles Rosales y Saldaña, han puesto una tarima porque en breve subirá el cantante Medina Carrión con su “rabia poética”, una mezcla de hip hop y spoken word. Varios ya se dan sus cervezas en algunos establecimientos. Subiendo,  justo en la plaza Robles, algunas personas sin hogar sobreviven a la brega del día a día, mientras otros entran y salen de la estación del Tren Urbano con el cansancio en sus espaldas. 
A la entrada del Paseo De Diego, en la tienda de cómics y arte Mondo Bizarro, se reúnen jóvenes, muchos vestidos con elementos de la estética punk de los 80, quienes intercambian pasos entre este espacio y el local cercano Club 77. Frente al establecimiento, una pequeña carpa agrupa a varios artistas que venden sus mercancías. Entre estos se encuentran Soanell Esguerra con su línea de libros temáticos SoSo, y Lillinette Díaz con su “collage art”, llamado Favielle. “Me encanta este evento porque es una forma de ocupar el espacio que de otra manera no sería ocupado”, comparte Esguerra.
A solo unos pasos de estas creadoras, varias personas se sienten tentadas a entrar al local Productos Gostosos, donde venden empanadillas de conejo, entre otras frituras. El olor es casi irresistible, y de allí entran y salen personas de diversas edades, que han encontrado en el local un área para sentarse, comer, beber algo  y descansar para continuar el rumbo. 
Mercedes Rivera, directora de CAUCE, ha estado dando vueltas desde temprano por la actividad y ahora entra a este local, donde la voz de Ismael Rivera se hace inmortal. 
“La propuesta económica nocturna que tenemos es cultural y por eso algunos negocios han sumado performanace, música en vivo, presentaciones de libros, de vídeos, de cómics, de arte. En las últimas ediciones hemos tenido ‘Asuntos Efímeros’, que es otro tipo de teatro, con propuestas muy novedosas y muy inquietantes, que atrae a un público diverso”, expresa Rivera, ofreciendo una mirada general al evento, que también incluye actividades vespertinas y rutas culturales. Luego del breve descanso, los caminos conducen hasta la Casa de Cultura Ruth Hernández Torres, frente a la Plaza de Recreo, un vital centro que ha cobrado nueva vida, gracias  al trabajo de su directora Gisela Rosario. Esta noche se lee poesía y ahí están las escritoras Yara Liceaga y Ana Teresa Toro, entre otras, compartiendo palabras ante un público atento.  Río Piedras se sigue llenando, principalmente de jóvenes universitarios, a los que se les observa caminar con libertad plena, conversando, sonriendo, bebiendo, compartiendo, casi como si en estas horas cupiera la vida toda. 
Entre ese vaivén de colores, el artista Mickey Negrón aparece con toda su comitiva performática y empieza a convocar a la gente para que llegue hasta el Paseo De Diego. Hoy participarán 26 artistas, anuncia. El público se va reuniendo en el área, listo para otro acto que les hará pensarse desde otros espacios y otros cuerpos.
“Esto empieza a las nueve en punto, aunque esto ya empezó”, expresa Negrón, borrando fronteras entre tiempo y espacio, ficción y realidad. Los asistentes se agrupan a la entrada del paseo y luego se van moviendo poco a poco por toda el área a medida que se desarrolla la acción.  En el trayecto, se observan locales vacíos con letreros de “se vende esta propiedad” que recuerdan la realidad del País.
Pero allí están ellos, los jóvenes, adultos, personas diversas que han acudido a este Jueves de Río Piedras para sacudirse el tufo de la desesperanza. Por unas horas, en esta ciudad fantasmagórica, se logra una gesta, algo parece posible. Tal vez es por esa misma fuerza que inyectan los y las estudiantes, que, como me recordaron unas amistades, ya no tienen nada que perder, quizás porque ya todo lo han perdido.