Expaciente regresa al Hospital San Jorge a dar de lo que recibió (semisquare-x3)
Jazmín Torres Pizarro dijo que identificó su vocación al sufrir complicaciones de salud durante su proceso de tratamiento. (Juan Luis Martínez Pérez)
Ocho años después de haber sido diagnosticada y tratada por cáncer en el fémur izquierdo, Jazmín Torres Pizarro, de 21 años, regresó a la institución médica donde cuidaron de ella convertida en estudiante de práctica en el área de sonografía.
Las atenciones y el trato recibidos en el San Jorge Children’s Hospital, en Santurce, no solo le salvaron la vida, además la motivaron a comenzar una carrera en una de las áreas fundamentales para la identificación de enfermedades. En su tercer año de estudios en sonografía médica, en la Universidad Metropolitana de Bayamón, Jazmín practica por segundo semestre los conceptos que le ayudarán a hacer con otros pacientes lo que el personal del hospital pediátrico hizo con ella. 
“Aunque no me lo esperaba ha sido una bendición porque puedo también poner mi granito con los que me han ayudado y además aprender más sobre la profesión, ya que me gusta, y es lo que quiero hacer por el resto de mi vida hasta que me tenga que jubilar. Pienso que es una manera de retribuirle (al hospital), ya que ellos me han ayudado en muchas ocasiones de diferentes formas y de verdad estoy muy agradecida con ellos”, afirmó la joven en una entrevista con este medio en el departamento donde realiza su práctica. 
Jazmín llegó al San Jorge a los 13 años y luego de un año sometiéndose a estudios médicos y biopsias comenzó un tratamiento de quimioterapias para atacar un osteosarcoma, un tipo de cáncer óseo que es el más común en niños. Como consecuencia de la condición, la hoy universitaria enfrentó la amputación total de su pierna izquierda y hoy día utiliza una prótesis. 
“No sé ni cómo, pero tomé la noticia de lo más normal. Yo decía: ‘pues, hay que seguir pa’ adelante’. Yo creo que lo más difícil fue lo de la amputación de la pierna, pero tampoco fue tan difícil porque cuando me dio la noticia la oncóloga me dice: ‘eso o que te vayas a Estados Unidos a reconstruirte la pierna, porque aquí en Puerto Rico nadie te lo quiere hacer’. Sabían que la posibilidad de que volviera un tumor era de un 90 % si me reconstruían la pierna, y si lo hacían, ya no iba a haber más oportunidad (si volvía el cáncer) y podía perder la vida”, explicó la joven sin dejar un solo instante de reír. 
“Recuerdo que dije: ‘yo no soy una pierna, ¿cuándo van a operarme?’. Prácticamente yo le puse la fecha a la doctora. Todos llorando, mi madre, mi hermana, la doctora, la trabajadora social, ¿y yo?, normal”, rememoró quien durante ese proceso además lidiaba con el diagnóstico de su madre de cáncer de seno con metástasis en diferentes partes del cuerpo.
La alumna, natural de Bayamón, atribuyó esa fortaleza a su formación deportiva en la disciplina del taekwondo.
Indicó que fue al sufrir complicaciones de salud durante proceso de tratamiento -como tumores en el páncreas y la formación de trombosis en uno de sus brazos- que identificó su vocación. 
“Desde que me operaron del páncreas, a mí me seguían haciendo sonogramas. Cuando después me dan dos trombosis en el brazo, que me hospitalizan y me están haciendo sonogramas para verificar que se me fueran los coágulos, pues a mí como que me empezó a gustar (ese trabajo). Empecé a interrogarlos y a preguntarles cómo era eso, cómo se estudia, dónde y quería saber todo. Al tiempo me di cuenta de que esto es lo que quería estudiar”, explicó. 
“A lo mejor si no hubiera pasado por todo esto, estuviera todavía pensando qué estudiar o estudiando otra cosa que tal vez no me gustara”, añadió quien planifica especializarse en pediatría y luego de revalidar, continuar con estudios de maestría.  
Destacó que lo más que le llena de la profesión a la cual se quiere dedicar es saber que de alguna forma contribuye a diagnosticar condiciones que pueden poner en peligro la vida de un paciente. 
“La prevención es la clave de todo y buscar más allá de lo que te piden para saber si está todo bien y, si no, tratar a tiempo a ese paciente. Con mi experiencia de vida, si hay alguien que vienen triste, quizás lo puedo ayudar también mientras le estoy haciendo el sonograma y darle apoyo”, aseguró. 
Mientras, dijo estar segura de que sus vivencias harán de ella una profesional de la salud médica meticulosa y persistente a la hora de realizar los exámenes a los pacientes. 
Por otro lado, subrayó que su amputación no ha representado limitación alguna en su diario vivir. 
“He podido hacer de todo. Voy a fiestas, estudio… Yo puedo hacer absolutamente de todo y hasta sin la prótesis porque para nadar yo no usaba la prótesis y nadaba normal sin una pierna”, enfatizó. 
Durante un recorrido por el hospital, pudo apreciarse que Jazmín es una de esas pacientes que dejaron huella en los profesionales que de niña la atendieron y que ahora, a su retorno como practicante la recibieron con el mismo apoyo y cariño que antes. 
“Yo digo, calamos hondo. Los profesionales de la salud calamos hondo en Jazmín. Desarrollamos en ella el deseo de servir. Si ella lo tenía, lo desarrollamos más porque al escoger la profesión de sonografista yo digo que ella está devolviendo lo que han hecho por ella, ella poderlo hacer por otros pacientes”, expresó Milagros Rivera, supervisora de enfermería en el área de oncología.