Contaminación del agua (horizontal-x3)
Algunas áreas como la quebrada Doña Ana, en Río Piedras, fueron referidas para acción inmediata. (Suministrada / Joselín E. Ramírez)
Es una faena compleja. Recorrer las 123 millas de ríos, quebradas y canales de la cuenca hidrográfica del estuario de la bahía de San Juan en busca de descargas sanitarias podría ser, incluso, desagradable. Pero para un grupo multidisciplinario, liderado por el Programa del Estuario de la Bahía de San Juan (PEBSJ), es el proyecto que busca ponerle fin a un histórico problema ambiental y de salud pública en el área metropolitana, cuyas repercusiones son nacionales.
Desde noviembre del año pasado, el grupo no ha cesado de visitar los cuerpos de agua de la cuenca del estuario, habiendo inventariado ya 727 tuberías de descargas directas.
De ese total, 129 o un 17.7% dieron positivo a efluentes sanitarios, mientras que 239 o un 32.9% dieron negativo pues sus flujos eran escorrentías pluviales (agua de lluvia). Las restantes 359 tuberías o un 49.4% estaban secas.
“Hemos recorrido el 98% de los ríos del municipio de San Juan, al igual que Carolina y Trujillo Alto. Nos quedan parches bien pequeños y el municipio de Cataño”, dijo el científico de suelo y agua de la Estación Experimental Agrícola de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Gustavo Martínez, quien fue contratado por el PEBSJ para inventariar las tuberías de descargas. En este trabajo lo acompañan otras cuatro personas.
Según contó, 24 de los 129 casos que dieron positivo a efluentes sanitarios fueron referidos para acción inmediata a un “task force” que se creó como parte del proyecto, aunque no era uno de sus objetivos. Ese “task forcé”, coordinado por el científico Jorge Bauzá, está integrado por el PEBSJ, la UPR, la Agencia federal de Protección Ambiental (EPA, en inglés), la Junta de Calidad Ambiental (JCA), la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) y varios municipios.
“Son 24 casos bien dramáticos y prioritarios, que requerían acción inmediata para la corrección. Entre todos suman miles de galones de descargas sanitarias al día. La AAA corrigió o está en proceso de corregir el 90% de los casos”, relató.
Martínez describió como “crítico” el caso de una tubería de 42 pulgadas de diámetro que estaba descargando aguas usadas en la quebrada Blasina, cerca de Plaza Carolina. Un caso similar es el de la quebrada Doña Ana, cerca de la estación Las Lomas del Tren Urbano, donde se han identificado seis “descargas mayores”.
“Las otras zonas críticas son la quebrada Josefina, que pasa por el Centro Médico, y la quebrada Juan Méndez. Las áreas urbanas son las más impactadas, no las rurales. Se han ido corrigiendo las descargas más significativas y estamos documentando esa recuperación”, afirmó.
Colaboración. 
De otra parte, Roberto Morales, geógrafo y coordinador de proyecto del PEBSJ, detalló que 30 comunidades se han impactado en los pasados meses, habiendo corregido 10 descargas sanitarias en colaboración con estas.
“Además, se han facilitado 30 talleres de justicia ambiental y manejo de contaminación de descargas sanitarias. Hemos hecho 10 actividades para comunicar el proyecto y 100 visitas a las comunidades para atender distintas gestiones. El proyecto se ha presentado a más de 10 agencias y 25 organizaciones de distintos tipos”, resumió Morales.
Explicó que el proyecto está subvencionado con fondos de la EPA –canalizados a través de la JCA–, y está supuesto a finalizar entre marzo y abril del próximo año. Sin embargo, los recorridos e identificación culminarían antes, pues el proyecto también contempla una fase educativa y la creación de un mapa de descargas sanitarias en la cuenca hidrográfica del estuario.
“Estamos hablando de un mapa que serviría de herramienta para la toma de decisiones sobre dónde ubicar los proyectos de infraestructura sanitaria. Además, cuando terminemos el mapa, se integrará el equipo de la Escuela Graduada de Salud Pública de la UPR, que explorará si hay vínculo entre la salud de las personas y las descargas no apropiadas”, dijo Morales, quien destacó que el 88% o unas 250,000 personas que viven adyacentes al estuario de la bahía de San Juan subsisten bajo los niveles de pobreza. De ese total, el 90% está expuesto a las descargas sanitarias.
“Para muchos de nosotros, la relación con los desechos humanos culmina al bajar la cadena del inodoro. Pero con este proyecto queremos demostrar qué pasa después de bajar la cadena, demostrando desde ya que se trata de una injusta e insalubre geografía”, agregó.
Siguiendo la misma línea, el director ejecutivo del PEBSJ, Javier Laureano, recordó que el contacto directo “con los que algunos ciudadanos describieron como cascadas de aguas sanitarias” puede tener efectos adversos en la salud.  Una alta presencia de enterococos en el agua es indicador de que también puede haber otros contaminantes capaces de producir infecciones por salmonela, hepatitis, meningitis y enfermedades gastrointestinales, dijo, por su parte, Martínez.
“Este es un proyecto que busca que tengamos una mejor ciudad y hemos recibido el apoyo de muchas organizaciones y voluntarios”, indicó Laureano, al mencionar entre estas a la institución Crearte.
Precisamente, Yajaira Félix, facilitadora de ciencias generales y coordinadora de voluntarios de Crearte, contó que desde agosto pasado están involucrados en el proyecto, habiendo identificado “una descarga significativa” cerca del Centro de Diagnóstico y Tratamiento (CDT) de la comunidad San José.
“Los jóvenes de Crearte hicieron una querella, pero al día de hoy la AAA no ha tomado acción. Como guardianes de la naturaleza, estamos llevando el mensaje de que no importa el tipo de desperdicio que se deje caer a los cuerpos de agua, al final acabarán en el estuario. Es un problema de todos”, subrayó.