Niño que desea ser adoptado (horizontal-x3)
Alejandro, de 11 años, está bajo custodia del Departamento de la Familia desde que fue removido de su hogar en 2008. (Jorge Ramírez Portela)
Nota del editor: Este artículo es parte de una serie que se publica periódicamente.
Entre los pasatiempos favoritos de Alejandro, de 11 años, está construir con piezas de Lego. “Me gusta montarlos, montar naves, cojo las pieza y las pongo así”, dice mientras gesticula con las manos para demostrar cómo haría un avión, “les pongo alas y las dejo así hasta que vienen los demás nenes y lo rompen. Entonces, yo monto otra cosa”.
El chico, de voz ronca y gesto serio, cuenta que en su tiempo libre le agrada dibujar, jugar con robots, pistolas, carritos de control remoto y el videojuego de Mortal Kombat. Agrega que le gustan actividades como el boxeo, el karate y la lucha libre. “Sé karate. Me gusta. Es para defenderse y no para abusar”.
Alejandro reside en una institución para niños víctimas del maltrato con otros 17 varones. “Allí jugamos al escondite”, cuenta.
El chico está bajo custodia del Departamento de la Familia (DF) desde que fue removido de su hogar en 2008, de acuerdo con María Rivera Córdova, trabajadora social de Adopción de la Región de San Juan de la agencia. Por eso, este diario no revela los apellidos, rostro ni lugar de residencia del niño, quien está libre de toda traba legal que le impida ser adoptado. 
De hecho, Alejandro tiene dos hermanas que ya fueron adoptadas. Él continúa visitando a una de ellas, cuya nueva familia sí les ha permitido relacionarse. Por eso, cuando se le pregunta al niño acerca de qué espera al ser adoptado, comenta que quisiera mantenerse en contacto con esa hermana.
Mencionó que imagina a su futura familia en una casa grande, con mamá, papá y un gatito como mascota. Con los miembros de ese hogar permanente le encantaría “nadar en la piscina y jugar lucha libre, karate y boxeo”. 
Acerca de qué pasaría si le avisaran que encontraron una familia para él, dice que les diría que “me porto bien, pero a veces soy travieso. Hago las asignaciones y estoy sacando buenas notas”. Agrega que sentiría alegría al conocerlos y que “después iría una fiesta y a caminar por ahí, en una playa”.
En la gestión de lograr ese ansiado encuentro, su edad le juega en contra, pues mientras más años tiene un menor, más difícil es para la agencia hallar un hogar que desee acogerlo para siempre. Otro factor que dificulta el proceso de hallar unos padres interesados en el chico, que estudia en salón contenido del Programa de Educación Especial del Departamento de Educación, presenta hiperactividad con déficit de atención, para el que recibe medicamentos.
También está acostumbrado al ambiente estructurado de la institución en la que reside y pasó por la decepción de un intento fallido de darlo en adopción, apunta la trabajadora social. “Él es tranquilo y va bien en la escuela. Necesita de personas que lo amen y que le cumplan lo prometido”, apunta Rivera Córdova.
Alejandro, sin embargo, resume sus necesidades en términos más sencillos: “Que sean buenos y que me cuiden”.
Si le interesa brindar a este chico la oportunidad de tener un hogar, puede llamar a la Línea de Orientación y Apoyo del Departamento de la Familia al 787-977-8022.
El propósito de esta historia es concienciar sobre la necesidad de mirar con sensibilidad y posibilidad de acogimiento a los cientos de menores bajo la custodia del Estado que están aptos para adopción. Cada historia es única y cada menor es especial, pero todas comparten el llamado al amor.