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A sus 40 años, Christian se encamina a sudar la camiseta de los Piratas en su regreso al Guajataca en la venidera temporada. (André Kang)
Era apenas un jovencito de 16 años cuando su padre Raymond Dalmau le ofreció la oportunidad de debutar en el Baloncesto Superior Nacional (BSN) en su pueblo natal de Quebradillas.
Christian Dalmau tan solo cursaba el undécimo grado en el Colegio De Diego en Carolina antes de la temporada del 1992. Del año anterior, Raymond ya veía el potencial de su vástago al participar con 15 años en la Liga Puertorriqueña con los Explosivos de Moca. Así que Raymond no lo pensó dos veces para ofrecerle un puesto en el plantel de los Piratas. Christian miró a su progenitor y, con una amplia sonrisa, aceptó la propuesta de unirse a los Piratas para acompañar a su hermano mayor Richie. 
Recordó recibir un contrato de $3,000 por toda la temporada de parte del apoderado de aquel entonces, Pedro González. Su padre Raymond lo representó. “No hacía falta agente. Él cuadraba con ellos”, dice Christian.
Y para su edad, creía haber firmado un jugoso acuerdo. “Era un megacontrato”, agrega sonriendo.
Christian debutó en una generación muy diferente a la actual. Era un tiempo en que los canasteros jóvenes podían firmar en cualquier momento en la liga. No había un límite de edad y los jugadores universitarios en Estados Unidos (NCAA) tenían la oportunidad de jugar en el verano.
Las reglas y las generaciones han cambiado en la liga. Ahora el mínimo de edad es de 18 años y, desde el 2002, los baloncelistas de la NCAA no están autorizados a jugar en el BSN hasta que concluyan la elegibilidad colegial.
Gracias a esa oportunidad, Christian creció enfrentando a bases como Fico López, Jimmy Ferrer, Eddie Rivera, James Carter, Javier ‘Toñito’ Colón y Pablo Alicea. Eran parte de  la crema en la exigente posición de armador en la década de 1990. Y también chocó con Wes Correa, Mario ‘Quijote’ Morales, Jerome Mincy y otros estelares jugadores de la liga. 
El quebradillano puede hablar en propiedad de esa generación y también de la presente. Sí, Christian continúa activo en el BSN, gracias, según cuenta, a la disciplina que aprendió de su progenitor en el momento en que el patriarca de los Dalmau fue diagnosticado con cáncer de colon en el 1993. Posteriormente, el legendario jugador de los Piratas y del Equipo Nacional superó la enfermedad.
A sus 40 años, Christian se encamina a sudar la camiseta de los Piratas en su regreso al Guajataca en la venidera temporada. Será su temporada número 23. Es un caso inusual en la liga; un jugador que ha pertenecido a las últimas dos generaciones en el BSN, y es el único activo desde el 1992. Un atleta de hierro.
Y lo más interesante es que Christian ha sido una figura de impacto en las últimas dos décadas. Comenzó a despuntar a finales de la década de 1990 con Villalba y Coamo, y ahora viene de promediar 20.5 puntos con Guaynabo en el pasado torneo, antes de sufrir una lesión en la rodilla derecha que no le permitió finalizar la temporada, cuando se convirtió en apenas el undécimo jugador en arribar a la cifra de los 10,000 puntos. Hay mucha sangre nueva en la posición de armador, pero Christian continúa dejando una huella en la liga. 
El hermano de los exbaloncelistas Richie y Ricardo y de la menor de la familia, Natalia, está complacido con lo alcanzado en su carrera, que incluye participaciones en distintas ligas de Europa (Israel, Turquía, Polonia y Rusia) y con el Equipo Nacional por más de una década.
En pasados días, Christian conversó con El Nuevo Día   a poco menos de dos meses del comienzo de la temporada de 2016 del BSN.
END: ¿Cómo fue que firmaste con los Piratas con apenas 16 años?
CD: Mi papá había visto mi talento jugando ante adultos. Con 15 años ya había jugado en la Puertorriqueña con Moca y otros equipos del BSN se interesaban en firmarme. Así que él aprovechó y me firmó joven en Quebradillas. Era algo normal para ese entonces. Ya muchos jugadores firmaban en la liga desde la escuela superior.
¿Recuerdas por cuánto dinero fue tu primer contrato?
Fue de $3,000. Fue un megacontrato para mí con esa edad.
Han pasado 24 años de tu primera temporada en el BSN, ¿pensaste alguna vez que hoy día, a los 40 años, estarías entrenando para sumar tu temporada 23 en la liga?
No. Ya entre los 34 y 35 años uno lo va cogiendo año a año. He sentido que puedo continuar jugando. No es algo que uno piensa. Simplemente pasa y estoy agradecido de Dios de poder jugar a esta edad y al nivel que lo estoy haciendo. Soy un jugador orgulloso y sigo activo porque sé que puedo jugar a un nivel alto. 
Con 22 temporadas en el BSN, ¿cómo puedes describir el nivel de competencia de tus inicios en la liga con el de ahora, cuando hay expertos que opinan que la calidad es menor?
El nivel no es el mismo. Antes, todas las noches te enfrentabas a jugadores elite. Tenías que enfrentarte a un Toñito Colón, James Carter y Jimmy Ferrer. Hace 15 años, yo con 40 años, no podía jugar en el BSN porque había muchos caballos en la liga. También ahora el estilo de juego es más torpe; no se juega el baloncesto de antes. Y es algo que ves en las categorías menores, cómo los nenes se entran a golpes. Todo el mundo que viene a jugar de afuera (los importados) habla sobre el estilo rudo de la liga y de la necesidad de mejorarlo. Por tal razón, es que luego tenemos problemas con el arbitraje en eventos internacionales.
¿Cómo puedes comparar aquella generación de jugadores que no tenía limitaciones de ir a la NCAA y jugar aquí simultáneamente, con la actual que viene directo de la NCAA?
El desarrollo de aquellos jugadores era mejor porque chocaban con hombres siendo bien jóvenes. Y eso les ayudaba en su desarrollo y lo vimos en muchos jugadores en la Selección Nacional. Ahora los jóvenes van a la NCAA y cuando vienen, necesitan de tres a cuatro años para adaptarse a la liga y poder desarrollarse. No los tenemos tan listos para la Selección. 
¿Cuál ha sido tu jugador pesadilla en la liga, el más difícil que enfrentaste?
Eddie Casiano. A veces tenía que defenderlo y no había manera de meterle las manos. Siempre buscaba la manera de meter el balón y hacerte lucir mal. Y Carlos (Arroyo) también siempre fue difícil. Eran los jugadores que te motivaban a enfrentarlos para uno probarse.
¿Cuál es el secreto para continuar jugando a un alto nivel a esta edad?
Desde que empecé en la Selección, veía a Piculín Ortiz como se desenvolvía con casi 40 años. Y él siempre nos decía que el trabajo en el gimnasio alargaba la carrera del baloncelista. Eso lo cogí como ejemplo y lo ejecuto. Me levanto a las 5:00 a.m. para ir al gimnasio y en la tarde voy a la cancha. Le dedico entre cuatro y cinco horas diarias. Creo que es algo que hace falta ahora en los jugadores. Falta mayor dedicación.
¿Crees que llevas un mensaje de que la edad no es una limitación para continuar siendo un atleta elite?
Llevo el mensaje de que uno puede hacer lo que quiera en la vida. Todo es posible. Y pienso que he impactado a mucha gente, porque te lo dicen en la calle. La edad no puede ser una limitación. Hay que trabajar y creer en uno.
Incluso pretendes continuar activo a los 40 años, después de una  cirugía en la rodilla derecha. Fue tu primera lesión seria en tu carrera. ¿Cómo fue el proceso de rehabilitación y cómo te sientes de cara al inicio de la temporada el 25 de febrero?
La rehabilitación fue una motivación grande. Quería demostrar que podía regresar a jugar, aunque mucha gente dudó. Disfruté el proceso de recuperación porque quería hacerlo bien. Me siento en un 100% de condición física. Lo que me falta es adquirir ritmo de juego y es algo que llegará con el tiempo. Voy a estar bien para el comienzo de la campaña. Y espero tener una gran temporada.
¿Qué sentiste cuando en agosto pasado llegaste a los 40 años?
Me chocó. Esa noche de los 39 a los 40 años me levanté como a las 4:00 a.m. y dije: ‘Diantre, ya son 40 años’. Me chocó un poco, pero fue algo momentáneo. Le doy las gracias a Dios por la salud que tengo, mis hijos y mi familia.
¿Cuánto ha pesado llevar el apellido Dalmau en tu carrera, ya que tu progenitor fue una estrella en la liga y en el seleccionado?
Mi papá fue un tremendo atleta, pero yo solo me enfoqué en lo que podía aportar al deporte y no en lo que había hecho mi papá. Me enamoré del baloncesto y lo juego con mucha pasión. Dicen que las cosas cambian, pero en mi caso el amor por el baloncesto es demasiado de grande. Y dentro de la cancha siempre fui responsable porque sabía que había unas expectativas por mi apellido, pero siempre mi enfoque fue en lo que  podía hacer sin pensar en mi papá.
¿Qué has aprendido de tu progenitor?
Mi papá es una persona bien disciplinada y determinada. Y esa disciplina lo hizo batallar contra el cáncer. Yo tenía 17 años cuando me dijo que tenía cáncer y fue un cantazobien fuerte. Pensé que se había acabado el mundo, porque él iba a morir. No me imaginaba cómo sería mi vida sin él. Antes de la operación fui a verlo al hospital con mis hermanos y recuerdo que nos dijo: ‘Solo necesito que estén conmigo. Voy a ganar’. Nunca olvidaré esas palabras. Luego fui a verlo cuando lo operaron. Tenía muchos tubos y fue muy impresionante verlo así. Pero a las dos semanas ya él salía caminando del hospital y siguió hacia adelante, llegando a correr en el Maratón de Nueva York. Yo vi eso y pensé en lo importante que era la disciplina. Fue un gran ejemplo para mí. Todo eso fue muy impresionante.
¿Cómo prefieres verlo en la cancha: como tu coach o como fanático en las gradas?
Mi papá me enseñó mucho a cómo bregar con la presión cuando me dirigió. Él sentía mayor presión porque yo era su hijo y me ayudó mucho a manejarla. Me ayudó a crecer como jugador. Y también me emociona verlo en las gradas, porque siento que el papá está viendo a su hijo jugar. Y sé que también me va a criticar en casa. A veces no me gusta que me diga las cosas, pero sé que es para mi bien.
Tuviste la oportunidad de jugar en distintas ligas de Europa. ¿En cuál de ellas fue tu mejor experiencia?
Diría en Polonia (con el club Prokom). Allí jugamos dos años en la Euroliga, que es la liga más dura después de la NBA. Fue una experiencia muy buena. Me ayudó mucho.
¿Y fuera del tabloncillo, cómo fue la experiencia?
Al principio cuando llegué, pensé que todo el mundo sabía de Puerto Rico. Pero la gente no sabía nada de Puerto Rico. Ya cuando uno está allí, ellos se interesan por conocer de Puerto