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martes, 29 de abril de 2014

Confinadas aprenden a ser reposteras

Confinadas aprenden a ser reposteras

Bajo la supervisión de un chef alemán en la panadería de la Escuela Industrial de Mujeres de Vega Alta
Por Francisco Rodríguez-Burns / francisco.rodriguez@gfrmedia.com
Confinadas confeccionan panes, panecillos y bizcochos tanto para alimentar a la población confinada como para vender en ferias artesanales. (francisco.rodriguez@gfrmedia.com)
Algunas provienen de comunidades marginadas y marcadas por la alta incidencia criminal, pero ahora pasan sus horas conociendo el arte de la repostería en una panadería de la Escuela Industrial de Mujeres de Vega Alta mientras cumplen los términos de sus sentencias.
Trabajan sin descanso para hacer y moldear la masa de los panecillos, bizcochos, brazos gitanos, quesitos de guayaba, entre otros postres que se podrán adquirir mediante eventos artesanales o que se distribuirán internamente en el Departamento de Corrección y Rehabilitación. La gran mayoría de las  35,000 porciones de pan que se hornean mensualmente termina en las bandejas de la población correccional.
Se trata de un producto que se elbora y cocina mediante la supervisión meticulosa del maestro chef y repostero Ernst Huckelhofen, inmigrante alemán que luego de una exitosa carrera culinaria asumió la dirección del taller, Nativas Mujeres en Camino Panadería y Repostería. La instalación, ubicada en un predio de la cárcel, se inauguró en septiembre de 2011.
“Creí que era el momento de dar para atrás. ¿Qué es lo más importante en la vida? El poder enseñar y ayudar a otras personas…”, sostuvo el chef.  “La comida es pasión, la comida es arte. Y creo que la cocina puede ayudar a muchas personas”, añadió.
La panadería opera mediante dos turnos de trabajo que se extienden entre 8:30 a.m. y 4:00 p.m. de lunes a viernes. Unas 20 confinadas trabajan en el taller, pero las participantes se dividen por un horario mañanero y vespertino.
Rehabilitación por medio de confección de pan
Confinadas de la Escuela Industrial de Mujeres de Vega Alta aprenden el arte de la repostería

“Estoy creciendo como persona y espero salir de aquí con conocimientos de cocina que pueda aplicar en la calle”, sostuvo la confinada Kathia González, quien cumple una sentencia por posesión de sustancias controladas.
La relación entre el chef y las participantes del programa se rige por el respeto y el profesionalismo.  El chef se refiere a las confinadas como “empleadas” y “trabajadoras”, aunque también se proveen espacios de esparcimiento y confraternización en que la risa y las bromas rompen con la monotonía de la institución carcelaria.
“Nos gusta y nos entretenemos. Matamos el ocio y aprendemos”, concluyó la confinada Yahaira Rivera Dávila, de 33.

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