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miércoles, 30 de octubre de 2013

¿Qué encontrar en una subasta del Gobierno?


¿Qué encontrar en una subasta del Gobierno?

Van dueños de "dealers" hasta particulares con la intención de ahorrar dinero.Vídeo y fotos
Por Gloria Ruiz Kuilan / gruiz@elnuevodia.com
Cada pieza del vehículo comprado, debe estar en ley para la División de Vehículos Hurtados. (francisco.rodriguez@gfrmedia.com)
El hombre caminó y caminó por más de cuatro horas.
El “turno” para subastar el carro al que le tenía el ojo echado llegó pasada la 1:00 p.m. aunque la Junta de Subastas del Departamento de Justicia había comenzado puntual con el evento a las 11:00 a.m.. A esa hora, la voz de la subasta, Abel Badillo, el mismo que estaría a cargo de cada venta y pidiendo mejores apuestas entre los asistentes, anunció que el carro número 9 sería el próximo.
De inmediato, el hormiguero de gente se movió junto a Badillo, quien se acomodó en un lateral del carro.
Un Mercedes Benz E-350 del 2007 en perfecto estado fue anunciado por Badillo, quien en menos de cinco minutos escuchó que el abogado de Lajas, Radamés Marín, ofreció $8,470 por el auto.
“Ahora a cruzar los dedos para que adentro esté bien”, dijo en referencia a que los autos vendidos en la subasta del gobierno se entregan como están y sin garantías. Por lo tanto, se desconoce si poseen desperfectos mecánicos.
En un aparte con este diario, el abogado dijo que era la primera vez que acudía a una subasta del gobierno. Afirmó que solo buscaba un “carro europeo” y lo consiguió.
Así como el abogado, había cientos de personas en un lote que mantiene la Junta de Confiscaciones del Departamento de Justicia, en Manatí, repleto de autos que han sido confiscados mayormente por infracciones a la Ley de Tránsito y a la de Sustancias Controladas, indicó la directora de la Junta de Subastas, la fiscal Zaida Díaz.
Consumidores buscan gangas en subasta de autos
No siempre salen tan bien

Cada vez que se anuncia una subasta por la página de Internet de la agencia y a través de los medios de comunicación, acuden los ciudadanos y los comerciantes en búsqueda de un activo que puede ser un auto, una guagua, un bote, un vehículo pesado, un jet ski… en fin, lo que haya confiscado el Estado. Van desde compradores o dueños de concesionarios de autos, dueños de "junkers", abuelos en busca de autos para sus nietos o sencillamente cualquier persona interesada en comprar de manera económica. El Nuevo Día presenció una de estas subastas en la que se devela un mundo desconocido para gran parte del país. Unos 340 carros estaban disponibles para subasta y todos variaban en estado y en precio.
Hablan los carros
A simple vista o al abrir una de las puertas de los autos -lo que se puede hacer para ver su interior- parecería que hablan por lo que exhiben en su interior. Como son carros que fueron confiscados y el dueño o la institución bancaria que lo poseía no lo reclamó, en su interior hay pertenencias de quienes fueran sus ocupantes. Por ejemplo, un Toyota Corolla del 2007 mostraba en el piso del lado del pasajero una caneca de ron y frente al guía un papel pequeño con un mensaje que leía:  “Jesús, eres mi fuerza”.
Un libro completo con discos compactos y algunas piezas de ropa se veían en el asiento del conductor de un Mitsubishi.
Una guagua Chevrolet Trailblazer mostraba ocho tiros en sus laterales y en la parte trasera. Todo el que abría una de las dos puertas traseras se topaba con una pipa árabe o hookah, lo que arrancaba risas de los asistentes a la penúltima subasta del año de la Junta de Confiscaciones del Departamento de Justicia.
Desde temprano en la mañana, cientos de personas llegaron a la Junta de Subastas ubicada en lo que eran los terrenos de la farmacéutica Schering Ploug. Allí se registraban no sin antes pasar por un detector de metales y, de inmediato, recibir un número que colocaban en una parte visible de sus camisas.
Un carrito para la nieta…
Asterio Rodríguez, junto a su amigo Manuel Meléndez, buscaba cada uno un auto para sus respectivas nietas.
Ambos dijeron que no era la primera vez que participaban de la subasta. Según Rodríguez, lo más que había gastado en una subasta eran $8,000 y lo menos $4,000.
Rodríguez había llegado al lugar bien temprano porque en su camisa exhibía el número 2 que le asignó la Junta de Subastas. Meléndez, poseía el primer turno.
“Estoy mirando a ver qué compro. Si no puedo comprar, no compro nada. Busco algo para la nieta”, contó el hombre quien aseguró que contaba con entre $2,000 a $2,500 para su compra.
“He comprado problemas. Estos carros hay que pasarlos por una inspección bien rigurosa”, dijo, por su parte, Rodríguez, quien al finalizar la subasta se veía contento porque compró por $4,300 un Chrysler Crossfire del 2004 que necesitaba solo limpieza.
De esa forma, apuntó al dolor de cabeza de quienes compran en las subastas del gobierno. Precisó que pese a que los autos son inspeccionados previo a la venta por la División de Vehículos Hurtados, una vez hecha la compra, el comprador debe llevarlo a esa división del área policial en la que se reside para comenzar con el proceso que le permitirá cambiar el auto a su nombre y recibir el visto bueno del gobierno de que todo está en orden.
Cada pieza del vehículo comprado, debe estar en ley para la División de Vehículos Hurtados. Es decir, el nuevo dueño deberá reemplazar piezas o comprarlas si es que no están registradas a tono con la ley. Tras pagar por el auto, el nuevo dueño debe también pagar por unos gastos adicionales que incluyen un comprobante de $30, dos declaraciones juradas, $40 al Departamento de Transportación y Obras Públicas para inscribir el auto, $10 por el título de propiedad y $5 por la licencia.
José Oquendo habló de otra molestia. “No deberían venir los dealersa la misma subasta que viene la gente. Al dealer le dan todos los carros que quiere y es injusto porque la gente común y corriente solo tiene derecho a comprar dos.
Previo a la subasta quedó claro que la mayoría de la gente se conocía o al menos frecuentaba rutinariamente las subastas, a juzgar por los efusivos abrazos.
“Compro todo tipo de vehículo. Más que todo, lo que me atraiga”, dijo uno dueño de  concesionario que pidió hablar sin ser identificado.
A los concesionarios se les permite comprar más autos que al individuo privado porque poseen una licencia para comprar autos para la venta, explicó Díaz.
  
El funcionamiento es bastante sencillo y para algunos hasta divertido aunque agotador. Al cabo de más se seis horas, concluyó el evento que comenzó con un registro de los asistentes. Estos deben ser mayores de 21 años y traer una identificación con foto y un certificado negativo de antecendentes penales, explicó Díaz.
Inmediatamente los potenciales compradores comienzan a observar, abrir las puertas y revisar los autos del lote. La Junta les suple una lista en la que pueden ver el número que se le ha asignado a cada auto y su estado. El precio lo saben cuando el subastador lo anuncia previo a su venta, no antes.
  
El proceso es rutinario. Tan pronto se escucha la palabra “vendido” por parte de Badillo, un empleado del Departamento de Justicia escribe en uno de los cristales del auto el precio por el que fue adquirido y el número que identifica al comprador. Otro empleado del Departamento de Justicia, que empuja un carrito con cientos de formularios atachados a papel carbón, pide a gritos que el comprador se acerque para “firmar”. Luego el comprador debe pagar por su compra en efectivo, giro o ATH. Un oficial armado está presente en todo momento.
Los empleados de una empresa subcontratada por Justicia (ALS Auctioners) asisten en el proceso al subastador. Por ejemplo, le indican el número del carro más cercano para que lo anuncie y sea subastado.
Reservados para el final los de mejor condición
Al cabo de horas, los compradores y el subastador pasan a un espacio techado -una especie de hangar- en donde le esperan sillas y un almuerzo que no es gratuito. Al cabo de unos minutos, el subastador, comienza con micrófono en mano a describir y subastar cada auto que -encendido y en mejor condición de los que estaban en el lote- es ubicado frente a todos los expectadores.
“Di lo bueno que tiene”, gritó un hombre al subastador al escuchar que el auto para la venta estaba chocado y tenía algunas piezas de dudosa procedencia.
No faltaron los carros que requerían ser empujados porque se apagaban y no prendían, lo que provocaba la risa y la mofa de los asistentes.
Por cuánto compraron algunos…
·         Mitsubishi Outlander del 2003 en perfecto estado - $2,600
·         Toyota Sienna del 2006 en perfecto estado - $4,785
·         Acura RSX del 2002 sin la goma del bumpertrasero, el bonete y sin ambos talalodos - $1,980
·         Volkswagen Jetta del 2000 sin daños - $900
·         Toyota Corolla de 1999 con la puerta trasera izquierda que no abre - $1,800
·         Hyundai Brio del 2003 con bonete, tapalodo y barra que son reemplazo - $950
·         Toyota Corolla del 2008 en perfecto estado - $8,118
·         Chevrolet Silverado Pick up del 2000 al que hay que verificar el # del motor - $1,440
·         Mitsubishi Montero del 2000 que hay que reemplazar ambos guardalodos y la puerta delantera  de la izquierda - $1,800
·         Isuzu Imark de 1984 - $400
·         Mazda RX7 de 1984 chocado en el panel y guardalodo del lado izquierdo $2,600
·         Volkswagen New Beetle de 1999 - $1,300

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