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sábado, 28 de septiembre de 2013

Reina la diversidad en las familias puertorriqueñas

Reina la diversidad en las familias puertorriqueñas

Se ha estimado que el 55% no se apegan al modelo tradicional
 
Natzui Martínez es uno de los tantos jóvenes que forma parte de una familia no tradicional. En su caso, fue criado por sus dos madres, Ivette Díaz y Brenda Moya. (tonito.zayas@gfrmedia.com)
Por Osman Pérez Méndez /osman.perez@gfrmedia.com
Cada vez son más las familias en la Isla que no están formadas por un matrimonio heterosexual y sus hijos e hijas, sino que en cambio tienen al frente a una madre soltera, un hermano mayor, una abuela, un padre adoptivo, una pareja de hombres, una pareja de mujeres, o cualquier otra variante no tradicional.
De hecho, según el Censo del 2010, “el 55% de las familias en Puerto Rico no responde al modelo tradicional”, señala Amárilis Pagán Jiménez, quien labora con el Proyecto Matria y el Comité Amplio para la Búsqueda de la Equidad (CABE).
La abogada, que prefiere el término “familia diversa” en lugar de familia no tradicional, añadió que los números del Censo revelan todavía más: “El 65% de los niños y niñas que nacen en Puerto Rico hoy día nacen fuera de matrimonio legales”, que es el modelo reconocido como la familia tradicional.
“La familia de papá y mamá con hijos, basada en una primera nupcia, es la minoría”, coincide el trabajador social Larry Alicea. “La mayoría son las familias reconstituidas, casadas otra vez luego de divorcios, o que tienen al frente a un hermano o un abuelo. Por eso en las ciencias sociales hablamos de familias, con todas sus variantes”.
Las razones detrás de esa transformación son variadas, según explicó el sicólogo social comunitario David Pérez Jiménez.
“Es un hecho innegable la aceptación, o al menos el reconocimiento en la sociedad contemporánea puertorriqueña de la familia no tradicional, y es algo que viene sucediendo desde hace 20 o 30 años”, dijo Pérez Jiménez, recordando que un cambio importante llegó al pasar del modelo tradicional agrario a la industrialización, que significó que el hombre –entonces por tradición a cargo de la familia– tuviera que pasar más tiempo trabajando fuera de casa, y también supuso una ola migratoria hacia las ciudades y fuera de Puerto Rico.
El expresidente de la Asociación de Sicología resaltó que “el fenómeno de las drogas”, que terminó matando a muchos y mandando a otros tantos a la cárcel, principalmente entre la población masculina.
“La familia no la componen los miembros sino las vivencias”
Integrantes de una “familia diversa” habla sobre su experiencia

“A muchas mujeres les tocó el rol de criar solas. Esto fue algo muy fuerte en (las décadas de) los 80 y 90”, añadió.
Otro fenómeno es el de los abuelos al frente de la familia, que explicó ocurría por las causas antes mencionadas y por la falta de recursos económicos, “ya que el sueldo de papá o el de mamá o de ambos no alcanza y tienen que trabajar más, y los abuelos vienen a ocupar el espacio ante esas ausencias”.
Luego está el avance profesional de la mujer.
“Cada vez hay más mujeres que no están dispuestas a soportar situaciones que antes toleraban. Cada vez son más las mujeres profesionales, educadas, que no toleran la violencia, o que a veces deciden criar hijos solas”, señaló el sicólogo social.
“Y en épocas más recientes, ya por lo menos está la discusión, si no aceptación por completo, de las familias de lesbianas y gays, que viene atado al reconocimiento de más derechos y de organizaciones y asociaciones científicas que avalan que (su forma de vida) no es un trastorno y que no es ninguna amenaza para criar un niño”, añadió Pérez Jiménez.
Mientras, Pagán Jiménez también destacó el alza de aceptación por parte de la sociedad y grupos científicos, al destacar que cuando se debatió la pieza legislativa 437 que permite la adopción a parejas del mismo sexo “se presentaron 32 ponencias, y 30 fueron a favor, solo dos en contra”.
“Esa resistencia en la esfera legislativa es promovida por algunos sectores religiosos conservadores, que ven a estas familias diversas como de segunda clase”, añadió Pagán Jiménez. “Eso contrasta con lo que uno percibe en la calle. La gente, más del 55 por ciento saben que caen en esa categoría (de familia diversa), que su abuela fue concubina, su mamá la amante de alguien, o lo crió solo su papá”.
La abogada lamentó que “en la medida que las políticas públicas se empecinen en hablar de familia tradicional están discriminando a la mayoría”.
Para Alicea, urge “reeducar a la sociedad” y que “en las escuelas se empiece a hablar de eso (la familia diversa) porque la mayoría de los niños no se identifica con mamá y papá, cuando su realidad es otra, es mamá y padrastro, o papá y madrastra, o hermana, abuela, o papá y papá, o mamá y mamá. No se puede reducir a mamá y papá heterosexual porque les dices a todos esos niños que no viven en familia que no tienen familia”.
El también presidente del Colegio de Profesionales de Trabajo Social añadió que el concepto además tiende a reducir la idea de la familia “a una unión casi con propósitos solo reproductivos, y dejas afuera muchos otros factores fundamentales, como es el amor, el cariño, la educación. ¿Dónde dejas la adopción? ¿Y las parejas sin hijos? Porque eso es una familia, aunque no tenga hijos”.
¿Perjudica la crianza?
Pagán Jiménez añadió que los alegados argumentos de que la familia diversa perjudica la crianza de un niño o niña “son traídos por los pelos. Al contrario, los estudios científicos lo que dicen es que privar a esos niños de sus derechos lo que hace es que se sientan rechazados y sean más vulnerables”.
El sicólogo Pérez Jiménez fue categórico en rechazar cualquier argumento respecto a que lo ideal para criar menores es la familia tradicional.
“Como científico, reconozco muchos tipos de familia, y lo importante, y esto lo dicen todos los estudios de profesionales de salud mental, es que la figura que sea, se ocupe de velar por su bienestar y su aprendizaje (del menor), darle buena atención, cariño, que el niño encuentre amor, sabiduría, respeto. Si existe eso, esa calidad de vida, el niño o niña va a tener un desarrollo pleno”.
De hecho, para insistir en que “no hay nada que temer”, el sicólogo usó su propio ejemplo. “Vengo de un hogar donde me crió parte del tiempo mi mamá, parte mis abuelos. Mi papá fue asesinado. Mi mamá, una mujer sacrificada, tenía que trabajar muchísimo, y mis abuelos asumieron parte importante de ese cuidado, y me convertí en profesional”.
Aunque Pérez Jiménez admite que “todavía en muchos sectores predomina la cultura de que el hombre debe trabajar y la mujer quedarse en casa, estamos en una época de cambios paradigmáticos, profundos. No se da de la noche a la mañana, la sociedad puertorriqueña es sumamente conservadora y hay sectores que se van a resistir, por intereses o por creencias religiosas. Así que hablar de nuevas familias aún encuentra resistencia. Pero hay más apertura, y la gente ve la evidencia ante sus ojos, la gente lo ve en sus vecinos, ven una pareja gay y sus hijos son ejemplares”.

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